N°96

   

 
 
 
 

Annapurnas TREK
Por Alejandra Erramuspe


Después de nueve días en la montaña, estamos de vuelta en la civilización: Pokhara. Sensaciones de los Himalayas ALUCINANTES, una de las experiencias más lindas que he vivido.
Partimos de Pokhara el 7 de marzo tempranito a la mañana. Las chicas (lease Victoria y yo) nos habíamos hecho las cancheras con la idea de hacer el trecking solas sin guía, y después nos dimos cuenta de que era mucho más seguro y relajado con guía, así que el día antes de partir organizamos y contratamos uno para la montaña. Fue un placer ya que el camino es bastante complicado y seguramente nunca hubiéramos llegado a destino, sobre todo yo, con mi buen sentido de la ubicación.
Partimos a las nueve de la mañana con las mochilas, previo día anterior organizando qué llevar; lo mínimo mínimo indispensable, y hasta el último minuto seguíamos sacando cosas.


Cargamos las mochilas que nos parecían que pesaban una eternidad y empezamos la caminata. Sensación: copada, muy motivadas empezamos a trepar y trepar. Los lugares por donde íbamos pasando son increíbles, unas vistas de locos, atravesando pueblitos de montaña, la gente sentada en la calle, los chicos corriendo por ahí, mujeres lavándose el pelo, etc. La gente sigue siendo increíble: todos te saludan cuando con el clásico "Namaste" y una sonrisa; nunca un nepalí con cara de enojado, siempre con una sonrisa en los labios, incluso los que nos pasan por al lado cargados como mulas llevando desde verduras hasta maderas, botellas de cerveza para los trecckers, fardos de avena, etc. Caminamos cada día alrededor de seis horas.
-El primer día fue bastante tranqui. También se había sumado al grupo una pareja de alemanes macanudos, tanto que a la nochecita planeábamos con Vicky y el alemán proponerlerle al guía aumentar la cantidad de horas de caminar; pero el segundo dia ya no nos daban más las patas. Esa noche nos quedamos en un lodge muy lindo de una familia nepali increíble, madre, padre, y dos hijitas. La de seis años era un amorcito; puso musica nepalí y se puso a bailar, y nos agarraba con la manito, asi que ahí andábamos las chicas bailando con los ritmos de Nepal.
-El segundo día arrancó tempranito. Ya las mochilas no pesaban tanto, ya habíamos aprendido a repartir los siete kilos en la cintura. Ese día fue duro: pura subida en el medio de una selva medio tropical muy linda, pero despues de seis horas y media los cuádriceps pedían "pido". A la noche estábamos felices con lo logrado en el día, y se sumaron al grupo otros tres alemanes con su guia, de lo más divertidos. Esa noche caímos en las bolsas de dormir a las 20.30 hs, lo que iba a constituirse como el horario habitual de agarrar la almohada. Nueve horas diarias de sueño era lo único que nos recuperaba.
-El tercer día tambien arrancó temprano para ir a ver el amanecer a la cima de una montaña: Poon Hill, 3.200 m. La subida de una hora fue agotadora, tanto que en un momento estuve a punto de tirar la toalla y quedarme en el medio, pero ahi se vio el "Team Argentina", con Vicky que me empezó a arrastrar. Llegamos a la cima y aún el sol no había salido; todo rodeado de montañas oscuras, y de repente el sol empezó a teñir de naranja y rojizo los picos. Era increíble. A todos lados donde mirásemos se veías un pico. Una imagen que quedará en mi memoria de por vida. Fotos alusivas y bajamos a desayunar al lodge. A las nueve iniciamos nuestro tercer día de caminata. Si el día anterior habíamos trepado las siete horas, en éste bajamos durante otras siete. Al final del día las pantorrilas y las rodillas se arrastraban. Fue duro, pero la vista era tan pero tan linda que te quitaba el aliento. Ya nos estábamos adentrando en los Himalayas. Se veían los picos blancos inmaculados, un verdadero espectáculo. Todo el cansancio o dolor que sentido quedaba opacado por la vista. Será que amo las montañas, pero nunca disfruté algo tanto a pesar de tanto esfuerzo. Por supuesto a la noche caiamos como pajaritos, aunque nunca faltaba la reunión del grupo con unas cervecitas. Cada uno escribía su diario; la comida era en base a arroz, o verduras o pastas, y a la cucha !
-El cuarto dia no nos podíamos mover del dolor. Andábamos todos como aparatos, hasta que al rato de caminar entramos en ritmo. Este día fue mas suave, más llanos y con la vista majestuosa de las montañas. Yo saqué fotos al mejor estilo "japanese", pero creo que en mi interior me llevo uno de los mejores recuerdos. Los paisajes de locos, el muy buen companerismo de Vicky, la buena onda de todo el mundo, los ratos de silencio y tranquilidad... Un verdadero placer.
-El quinto día caminamos por el lecho de un río, y algunas subidas y bajadas. Siempre cantando, hasta donde daba la voz y el cansancio, desde canciones aprendidas en nepalí hasta inglés, español, etc.
-El sexto dia llegabamos a Johmson que es de donde nos tomábamos el avión de vuelta a Pokhara. Pero estábamos tan copados que decidimos seguir dos días más hasta los 4.100 m, donde hay un templo budista. Al fin del día llegabamos con el último aliento, las ampollas que dolían, y los pies que pedían "basta!" Pero la verdad es que cada día vimos cosas distintas, paisajes de lo más variados, distintas vistas de las montañas, sobre todo del Annapurna, que es la más alta: 8.100 m. Todo el tiempo te sorprendía la vista y hacía que parásemos a mirar y disfrutar. El paisaje del sexto día era muy similar al nuestra Salta o Jujuy, pero con los picos blancos majestuosos atrás.
-Séptimo dia, partimos hacia Muktinath. Este día era duro; subir 1.100 m en un día, todo subida. Llegar fue dificil pero cuando entramos en el pueblo no se podia creer nuestra alegria. Después de tomar una coquita y dejar las mochilas en el cuarto, partimos a visitar el templo budista. No dejamos rito por hacer: desde tocar las campanas de rezo, hasta mojarnos con el agua sagrada que caia de la boca de cuarenta chorritos desde la cabeza de un buey de bronce. Cuando volvíamos, el atardecer sobre las montanias era un lujo, todo entre rojizo y plomo, nos quedamos con Vicky como una hora mirando casi sin hablar.
-Octavo día, de vuelta a Johmson. Todo el camino era de bajada, lo disfrutamos un montón, y en cierta forma nos daba penita terminar. Lo habíamos pasado tan bien! A veces cuando uno logra algo con esfuerzo, lo disfruta más. La última hora y media fue dura; avanzamos por el cauce de un río seco con un viento muy fuerte, pero al fin entramos a Johmson. Festejamos con cerveza y tortas, y al día siguiente tomamos el vuelo de regreso a Pokhara, donde descansamos a pata suelta. Una ciudad tranquila llena de trekkers, todos en la misma, todos habiendo hecho alguna caminata y con miles de cuentos para hacer y compartir. Un verdadero lujo, un regalo para los ojos y para el alma !!